Aislamiento.

Esta Navidad escribí la palabra “Aislamiento” en el centro de un papel.

Fue fruto de un proceso de reflexión, motivado por un exceso de posibilidades y una falta general de propósito, y aderezado por un reciente y estrepitoso fracaso en el plano amoroso. Ya sé, fracaso es una palabra que asusta, que hace reaccionar a la gente que la oye – muy bien entrenada en cantinelas de autoayuda. Inmediatamente cortan, y dicen “no hay tal cosa como un fracaso, sólo una experiencia más”, o “no te trates así, los fracasos son oportunidades de aprender”. “Ya sé, tranquila, no hay problema”, contesto yo, “la palabra fracaso no me asusta”, tranquilizo. “Un fracaso es un fracaso”.

Un fracaso es un fracaso. Y, a veces – muy a menudo -, una bendición. Me escribía Lau en una naipe hace más de una década: “No conseguir lo que quieres es, a veces, el mayor golpe de suerte”.

Tuve suerte de poderme alejar de la ciudad estas Navidades y refugiarme en la tranquilidad rural para pensar sobre mi querido fracaso. Mi reflexión orbitaba alrededor de esas familias nucleares, exclusivas y excluyentes, que formamos casi sin pensarlo y que nos absorben hasta anularnos las identidades, que diluyen las demás relaciones, que se sostienen sobre todo lo demás y condicionan todo lo que creamos y a todos los que están a nuestro alrededor.

Pero nada es tan simple: mi reflexión también tocaba la vida en las ciudades – preparada y diseñada únicamente para esos modelos de familia -, el feminismo, el capitalismo, el ecologismo, la propiedad, la sexualidad, la búsqueda, creación y preservación de comunes, y tantas otras cosas.

También, por supuesto, tocó pensar sobre mi espeluznante incapacida de hacer planes a largo plazo. Así que me senté delante de un papel y fui dibujando, poco a poco, un mapa de lo que quiero construir de aquí a cinco años.

Es complicado, ¿por dónde se empieza?.

¡Ya sé! Toda buena pirata sabe que un mapa que sirve de algo es aquel que marca, con un punto bien gordo, el lugar en el que nos encontramos. ¿Dónde estoy? ¿qué está sucediendo? ¿cómo es mi vida ahora?. ¿Cómo será mi vida si sigo aquí, sin moverme, mirando a mi alrededor desde este punto bien gordo?

Así que dibujé mi cara, y debajo, en letras mayúsculas, escribí la palabra “AISLAMIENTO”.

Han pasado casi cuatro meses y hoy, tras una semana de encierro forzoso en casa, la palabra “aislamiento” ha cobrado un sentido muy diferente.

Ya sabéis, el punto gordo del mapa ha cambiado: ahora una pandemia vírica asola la Tierra y se extiende como la pólvora, matando a miles de personas, por países en los que siglos de capitalismo – esa otra gran pandemia mundial – han dejado a su paso millones de personas frágiles, olvidadas, abandonadas a su suerte, sobreviviendo al margen de una sociedad que no es tal.

Analizo la realidad sin que me entre la risa por sonar a comienzo de una – mala – novela distópica: mientras miles de personas mueren y millones se arruinan, gobiernos e instituciones deciden estrategias para… ¿para qué? ¿qué palabras utilizo? ¿salvar a la mayor gente posible o sacrificar a la menor gente posible?

“Estado de alerta” es la estrategia de aquí: aislamiento estricto en casa, policía por las calles y una cita diaria a las ocho para ver que, detrás de las ventanas y balcones que me rodean, habitan ahora realidades idénticas a la mía.

Descubro, de repente, un nuevo sentido de comunidad, y me pregunto de qué nos podría servir cuando todo esto se pase. Mi imaginación es salvaje y ahora, entre cuatro paredes, rebota y se magnifca, vibra, viaja, crea. Aprovecha una crisis desalmada para encontrar espacios de crecimiento. Aprovecha las cenizas, los huesos, la materia en descomposición de una sociedad avocada la sufrimiento para construir otra que se ama y se cuida.

Ayer me asomé a la ventana de Twitter para contar una anécdota de mi ultimo viaje a Inglaterra:

A month ago, walking around a beautiful British cemetery, I asked K: “Do you think we’ll see capitalism collapse?”

La primera respuesta fue fulminante:

Today is the first day of the spring…

Vuelvo a este espacio que quedó abandonado hace mucho tiempo. Vuelvo en una situación extrema y desesperada, pero con toda la intención del mundo de empezar a imaginar nuevos brotes.

Gen.

Y mientras tanto:
Mammal Hands – Hourglass

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