Ombligo Santo.

Me despierto esta mañana – más bien tarde – y lo primero que hago es buscar los pinceles y abrir el cuaderno, buscar hojas limpias que no hayan traspasado – tanto rollo con el Moleskine, pero luego…

Ya sabemos que yo siempre empiezo mis dibujos por los ojos, pero esta vez tuve que empezar por el ombligo. Anoche lo vi bailar, en el centro del cuerpo de Marina. Bailaba con la respiración y con el silencio, bailaba con la quietud, con la tensión de lo que está a punto de estallar. Bailaba con los ojos, bailaba a gritos.

Anoche me quedé clavada en mi butaca mientras la frase “bailando con todo su cuerpo” cobraba un nuevo significado para mí.

Solo diré que fue emocionante, y que deseé tener un cuaderno y todo el tiempo del mundo para pintar todo lo que vi.

Gen.

[Álzate, oh día, álzate alto, más alto,
que la luz del sol deshaga el gris de la noche.

Allá lejos está mi madre.
Aquella que me llevó en su vientre yace ahora sobre el musgo,
sobre el regazo de los árboles tenues y lejanos,
al borde de una larga nube.

Oh, hogar del inframundo,
el cielo es mi abuelo,
y mi abuela es la tierra.
Oh, cielo, oh, tierra.
Oh, tierra.

Álzate, oh día, álzate alto, más alto,
que la luz del sol deshaga el gris de la noche.]

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